Como tantas veces, un título críptico. Para el que gestiona proyectos, no tanto. El gestor de proyectos entiende la felicidad de dar el último carpetazo a un proyecto, cerrarlo, sin flecos. Si hay algo más que hacer es un proyecto nuevo. Y uno se queda bien. Con buenas sensaciones.
La pretensión de este blog no es hablar con los colegas. Quisiera transmitir a los que les suenan las palabras Gestión Integrada de Proyectos, y no saben de qué, la cada vez mayor validez e importancia de incluir esta figura, el Project Manager, en el desarrollo de sus ideas.
Mi especialidad, como se deja ver de lejos al leer este blog, es la construcción. Los proyectos de construcción han sido coto de astutos empresarios expertos en ganar valor, mucho valor añadido, con las expectativas de una demanda superior a la oferta. Esto se acabó. No es época de grandes proyectos y los que hay están sujetos como nunca a los vaivenes del mercado global.
Es el momento de incorporar las herramientas de Project Management a la vida cotidiana para que el interesado en promover un trabajo, de la magnitud que sea, tenga antes de empezar a poner en juego sus recursos un conocimiento muy exacto de cómo va a acabar.
El desarrollo de los procesos de inicio nos va a permitir conocer el tiempo que van a durar los trabajos y cuanto van a costar y, lo más importante, vamos a tener que definir exactamente lo que queremos. Seremos advertidos de los posibles riesgos así como de las soluciones previstas para las eventualidades. Si decidimos dar el pistoletazo de salida y poner en marcha la maquinaria, tendremos información actualizada del desarrollo del proyecto hasta su fin. Su cierre.
Por eso es un lujo cerrar un proyecto, porque significa terminarlo e implica el comienzo de uno nuevo.